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Hundimiento Crucero ARA General Belgrano

El 2 de mayo de 1982 navegaba en aguas del Atlántico Sur, fuera del área de exclusión, cuando fue sorprendido por el submarino nuclear británico HMS Conqueror, que disparó dos certeros torpedos que provocaron daños irreparables y mandaron al fondo del océano al crucero ARA General Belgrano.

De los 1093 tripulantes del Crucero ARA General Belgrano, 323 marinos no tuvieron la posibilidad de llegar a cubierta y son los "Héroes del Belgrano". Hoy sus restos descansan junto a la embarcación a 4000 metros de profundidad.

El 1° de abril de 1982 se recibió la orden de acelerar las reparaciones y completar logísticamente el buque para zarpar a la brevedad. El 10 de abril, la dotación del Crucero llegó a 1.093 hombres. Se había completado con 56 oficiales, 629 suboficiales y marineros y 408 conscriptos y 2 cantineros civiles (los hermanos Ávila, que por propia decisión quedaron a bordo, a pesar de las recomendaciones que se les efectuaron). El 16 de abril, habiendo completado todas las reparaciones el Crucero zarpó por última vez de la Base Naval Puerto Belgrano.

La nave recibió la designación de Grupo de Tareas 79.3, cuya misión original fue:

1. Zarpada al teatro de operaciones y estacionamiento en inmediaciones de la Isla de los Estados.

2. Cumplir tareas relacionadas con:
- la vigilancia de los accesos Sur al teatro de operaciones (TOAS)
- la interceptación de unidades del enemigo, de acuerdo a órdenes
- la disuasión en el marco regional.

3. En caso necesario y de acuerdo con la situación, proceder al reabastecimiento en la Base Naval Ushuaia.

Del 22 al 24 de abril el Belgrano se reaprovisionó de víveres, combustible y munición en el puerto de Ushuaia.

Estando nuevamente en inmediaciones de la Isla de los Estados, inició los patrullajes ordenados por el comandante de la Fuerza de Tareas 79.

El día 28 de abril se incorporan a las órdenes del Comandante del Crucero, los destructores ARA Bouchard, ARA Piedrabuena y el buque tanque Puerto Rosales.

Ese mismo día, el alto comando naval elimina las restricciones de fuego que debían cumplir las unidades desplegadas en el área de operaciones.

A la artillería del Belgrano se le sumaban ahora los misiles Exocet superficie-superficie de los dos destructores.

El Crucero no contaba con sensores ni armas contra submarinos. Sus escoltas poseían una moderada capacidad contra los convencionales, pero nula para los nucleares.

Llegado el fatídico 2 de mayo de 1982, a las 1100 hs, como todos los domingos, se rezó en el hangar de popa las oraciones correspondientes. Nadie presagiaba que esa sería la última vez.

A las 1200 hs se ordenó a los destructores hacer una prueba de alcance sonar. Informan que el máximo alcance obtenido era de 1000m.

HORA 16:00. El pronóstico meteorológico era malo para las 12 hs siguientes. Se estaban realizando los relevos de guardia de crucero de guerra y la merienda en el comedor estaba en su apogeo. La cantina, ubicada en ese mismo recinto, había abierto sólo por 15 minutos, de manera que en ese lugar estaba muy concurrido.

HORA 16:01. Los artilleros que tomaron la guardia 33 probaron sus mecanismos y la torre II ya estaba buscando blancos en el horizonte, como ejercicio de artillería. En ese momento, el buque se sacudió violentamente por la poderosa explosión de un torpedo disparado por el submarino británico HMS Conqueror, lo que produjo el cese inmediato de energía, quedando el buque al garete y sin iluminación. A continuación, impactó un segundo torpedo, cuyas consecuencias se vieron claramente desde el puente al desaparecer 15 metros de proa del buque. Quienes se encontraban en el comedor –a 10 metros de la primera explosión– vieron que por un gran boquete abierto en el piso avanzó una bola de fuego. Comenzó la inclinación a babor y un penetrante olor acre inundó el aire.

HORA 16:05. La central de control de averías logró informar sobre la situación en cubiertas bajas y la evolución en la estabilidad del buque a través del boca en boca. Nada pudieron hacer para solucionar los daños, pero la información provista ayudó al comando para la toma de decisiones.

16:08. Cada uno se dirigió a las estaciones de abandono asignadas, cumpliendo todo lo que se les había enseñado en orden y silencio. El buque tenía 72 balsas salvavidas, de las cuales 62 eran las necesarias y el resto eran de reserva. Las pocas órdenes que se dieron fueron impartidas por el Segundo Comandante, que se hallaba en inmediaciones del puente de comando, mediante el uso de un megáfono de mano. El Comandante permanecía en el puente de comando. Los médicos y enfermeros sólo podían atender los casos graves y se reservaban las aplicaciones de morfina.

16:10. La inclinación aumentó 1º por minuto, por lo que ya llegaba a los 10º a babor. El casco se hundía con mayor incidencia de popa, debido a la gran entrada de agua al espacioso hangar y a la sala de máquinas. Todo el personal se mantenía en su puesto de abandono, en silencio o auxiliando a los heridos.

16:13. Por la rapidez de los sucesos, algunos llegaron a cubierta muy desabrigados y se los auxilió con lo que se tuvo a mano, como las mantas de las camas que se usaron como ponchos.

16:15. Nadie posible de ser socorrido quedó sin asistencia. Por el contrario, algunos dieron la vida por ofrecer esa maravillosa ayuda, bajando varias veces a cubiertas inferiores para prestar ayuda.

16:18. La inclinación de 20º y el petróleo sobre la cubierta dificultaron el caminar. Además de la escora, el casco siguió penetrando 5 metros en el agua por lo que la cubierta de babor, sobre la que se inclinaba el buque, estaba a ras de las olas.

Crucero General Belgrano16:20. El Crucero siguió recostándose. La situación tendió a agravarse y se llegó al punto de no retorno. Sólo faltaba la orden del Comandante para abandonar el buque, la que finalmente fue impartida. Esta orden fue retransmitida por el Segundo Comandante. Se ignoraba en ese momento cuántos habían quedado en el interior, pero nadie ausente en la cubierta principal podría considerarse ya con vida, dado el nivel de inundación.

16:23. Las balsas de babor estaban a nivel de la borda y los heridos graves fueron agrupados en ese lado para facilitar el trasbordo. Las balsas de estribor estaban flotando a varios metros abajo de la borda, por lo que debían lanzarse sobre su techo para poder embarcarse o caer al agua, con el riesgo que eso significaba, dada la baja temperatura de la misma. La rápida inundación evitó que los incendios afectaran las santabárbaras y complicaran más la situación. Es muy posible también que, dado que los tanques de combustible del Crucero estaban llenos, se haya evitado su explosión.

16:25. Los heridos fueron los primeros transbordados a las balsas, en delicada maniobra. Las escalas, redes, cabos de cáñamo o saltar sobre el techo reforzado, fueron variantes usadas para llegar a las balsas, especialmente las de estribor. Las embarcaciones que por efecto del viento se pegaban al casco eran socorridas por un bote de goma con motor. Otras balsas fueron averiadas por los hierros retorcidos de la proa destruida. Las dotaciones de estas balsas caían al agua y se debió acelerar el recupero de las mismas dado el peligro que representaba la hipotermia.

16:30. La escora descubrió parte de la comba del casco, al finalizar la maniobra de abandono. La marejada complicaba la visión y comunicación entre las balsas. Algunas quedaron sobrecargadas con 30 personas y otras subocupadas con no más de 3.

16:35. La popa sumergida y la gran escora podían estar anunciando una vuelta campana, que podría formar un vacío y arrastrar al fondo del mar las balsas más cercanas. Gruesos chorros de vapor escapaban por las aberturas del casco.

16:40. Cuando ya nada quedaba por hacer a bordo, ni por los hombres ni por el buque, el Comandante se arrojó al agua hasta un grupo de balsas que los aguardaban. Previo a ello lo hizo un Suboficial, que permaneció con el Comandante hasta el último momento.

16:50. La escora de 60º prenunciaba el hundimiento. El rápido avance del anochecer y la disminución de visibilidad parecían querer ocultar el fin de un gran buque. Ya nadie fuera de las balsas quedaba con vida. La evolución de los heridos graves pasaba a convertirse en un desafío dentro de cada pequeño recinto.

17:00. ¡Viva la Patria! - ¡Viva el Belgrano! fueron las voces que se escucharon en ese instante en muchas balsas. Sólo estaban los protagonistas, un mar casi helado y un viento de temporal. “No sabíamos cuántos habían quedado a bordo. Muchos nos despedimos de nuestro buque, en el idioma que solamente los marinos comprendemos” comentó un sobreviviente.

A partir de ese momento, cada balsa constituyó un sistema cerrado. El mar, que ya comenzaba a encresparse, presagiaba una noche terrible durante la cual varios marinos fallecieron.

Con olas que llegaban a los 10 metros de altura la tempestad llegó a su máxima crudeza a las 21 hs.

A las 1315 hs. del día siguiente, lunes 3 de mayo, cuando ya se avecinaba un nuevo temporal, las balsas fueron avistadas por un avión naval Neptune.

90 minutos después se divisaron los mástiles de los destructores ARA Piedra Buena y ARA Bouchard y del Aviso ARA Francisco de Gurruchaga, que pudieron recuperar gran cantidad de sobrevivientes.

El transporte polar ARA Bahía Paraíso, convertido en buque hospital, se sumó al rescate mientras los demás buques se dirigían a Ushuaia.

A 4.000 metros de profundidad, nuestros 323 Héroes custodian el Crucero donde aún flamea, hecha jirones, nuestra enseña patria.

Las bajas del ARA General Belgrano representan la mitad de los muertos argentinos en la Guerra del Atlántico Sur. Hoy son más de 60 las escuelas y varios centenares los lugares que llevan el nombre del buque o de sus Héroes.


www.info-almagro.com.ar (9685) - Publicado el: Miércoles 02/05/18
Fuente consultada: Asociación Amigos del Crucero General Belgrano