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"A pelo": los jóvenes hablan de por qué dejaron de usar preservativoLo que para muchos aparece envuelto en humor, códigos compartidos o incluso como una suerte de tendencia, detrás esconde una señal de alarma: el retroceso de una práctica básica de cuidado.
Hoy, ese sentido de urgencia parece haberse diluido. Los números lo muestran con crudeza: más del 98% de las infecciones por VIH se producen a través de relaciones sexuales sin protección, según datos de AIDS Healthcare Foundation (AHF) Argentina. Sin embargo, apenas el 14% de las personas en el país utiliza preservativo en todas sus relaciones sexuales; el 65% lo usa solo algunas veces y el 20,5% directamente nunca. La tendencia no es solo una percepción. En 2024, la Organización Mundial de la Salud alertó sobre una caída sostenida en el uso del preservativo a nivel global durante la última década. Y en la principal marca de Argentina, Tulipán, también reconocen una caída de ventas y un achique del negocio que incluso los llevó a reducir su personal. Datos distintos que apuntan al mismo fenómeno: el preservativo perdió lugar no solo en la intimidad, sino también en la conversación pública. La pregunta, entonces, se vuelve inevitable: ¿cómo una herramienta que durante años fue sinónimo de cuidado y supervivencia empezó a correrse del centro de las decisiones sexuales, al punto de que hoy “ir a pelo” se pronuncia con naturalidad? “A pelo”, “a peluche”, "sin pasamontañas". La expresión circula entre jóvenes en redes sociales, memes, chats y conversaciones cotidianas para hablar sobre tener sexo sin preservativo. Esa lógica de pertenencia aparece también en otros testimonios. “Tengo amigos que dicen ‘Mejor sin preservativo, es más canchero’, como si fuera una hazaña”, cuenta Federico, de 18. Mientras que Julián, también de 18, va en la misma línea: “No todo el mundo usa preservativo y eso se está normalizando, y no es algo bueno”. Sin embargo, el escenario no es uniforme. También hay quienes sostienen el uso como regla. “Siempre. Y si un amigo no llega a tener, compramos sí o sí. Es totalmente necesario”, dice Matías, de 19. La convivencia de estos discursos muestra una generación partida: entre la conciencia y la práctica. Ese contraste se profundiza en lo que no siempre se dice frente a cámara. Jóvenes que prefirieron no dar su nombre admiten que muchas veces no usan preservativo porque “se siente más” o por la “adrenalina” del riesgo. En su mayoría varones, describen la experiencia como algo más intenso, aún sabiendo las consecuencias. Sobre el tema se pueden escuchar variadas opiniones:
"Es que yo nunca conocí a alguien que tenga una enfermedad de transmisión sexual entonces no sabría si tengo más o menos miedo. Pero estoy bastante concientizado del tema". "Es lo que uno piensa primero, el embarazo, y después las enfermedades. Yo creo que por la edad lo primero que se me viene a la cabeza es no tener un pendejo". Uno de los patrones más claros que atraviesa todos los testimonios es qué se teme más: no es la infección, es el embarazo. Francisco, de 20, lo sintetiza desde su grupo de amigos: “El mayor miedo está en ser padres, más que las enfermedades”. Y Caterina, de 19, lo confirma desde su experiencia: “Puede ser que esté más la preocupación por el embarazo antes que cualquier tipo de enfermedad sexual”. Las personas asocian el preservativo con no quedar embarazada. Entonces muchas veces se deja de usar y se delega todo en otros métodos anticonceptivos. Menos miedo, menos campañas y menos acceso: qué dicen los expertos “Hay una tendencia en aumento, en particular de los casos de sífilis. En VIH la situación es más estable, pero en otras infecciones de transmisión sexual, como gonorrea y clamidia, hay indicios de que también podrían estar creciendo”, explica Lucila Szwarc, socióloga del CONICET y docente de ESI. Pero advierte un problema central: “No tenemos datos oficiales actuales sobre el uso del preservativo, y eso es clave: sin datos es muy difícil visibilizar el problema y exigir políticas públicas”. Para Szwarc, hay un cambio cultural de fondo. “Después de los años 90 y 2000, el temor al VIH se fue alejando. Las campañas ya no son tan fuertes y eso impacta directamente en la conciencia” y agrega “Hoy conviven avances en autonomía sexual con discursos muy conservadores que vuelven a instalar la idea de que no usar preservativo puede ser una prueba de amor”. Ese punto conecta directamente con lo que relatan las jóvenes. “En muchas relaciones heterosexuales, el uso del preservativo se negocia, y muchas veces son las mujeres las que lo tienen que pedir mientras los varones se resisten”, señala. Desde otra perspectiva, la psicóloga y sexóloga clínica Cecilia Ce suma el impacto cultural: “Hoy la disminución del uso del preservativo va más allá de los jóvenes y tiene que ver con la falta de modelos culturales que lo incorporen”. Y apunta directo a un actor clave: “La pornografía es la primera fuente de mala educación sexual: el ingreso es a los 11 años y ahí no hay preservativo”. Para ella, el problema también está en la percepción de riesgo. “No hay conciencia real sobre las infecciones: se ven como algo lejano, hay una sensación de ‘A mí no me va a pasar’”. Y en la dinámica de los encuentros: “Muchas personas no saben cómo pedir que se use preservativo y eso tampoco se respeta”. Miguel Pedrola, director científico de AHF para América Latina, aporta datos duros: “Hoy vemos una disminución importante del uso de preservativo en todas las edades: en jóvenes está por debajo del 15% de uso constante”. La caída, dice, es sostenida: “Pasamos de casi un 40% en 2012 a cifras actuales por debajo del 15%”. Entre las causas, enumera varias: “La falta de educación sexual integral, de campañas y de acceso al preservativo”. Pero para él, el problema es más profundo: “Nadie debería estar pensando si usar o no preservativo: debería ser algo automático”. Y advierte: “Si no se invierte en prevención, el año que viene vamos a estar peor, y después peor todavía”. En la práctica, el preservativo dejó de ser un hábito automático como lo fue en otro tiempo y como debiera ser también hoy, para convertirse en una negociación, una decisión atravesada por deseos, presiones, contextos y desigualdades. “No se trata de promoverlo desde el miedo, sino desde una sexualidad autónoma, libre y placentera”. www.info-almagro.com.ar - 6888 caracteres – Domingo 28/06/26 – Fuente consultada: Clarín |